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La M.O.D.A. Nómadas que vuelven a Dublín

La M.O.D.A. Nómadas que vuelven a Dublín

  • 27 de Noviembre, 2018
  • Por María Huerga

Crónica La M.O.D.A. Dublín – 23 noviembre 2018 - The Button Factory

La Maravillosa Orquesta del Alcohol son rock. No, son indie. Yo diría que son folk, pero a veces tienen algo de punk… Y así llevan años los medios de comunicación intentando encasillarles en un género. La M.O.D.A. son La M.O.D.A. y es que tienen algo que nadie más tiene, aunque ellos pasen de etiquetas. Sin duda han bebido de muchas raíces musicales y está claro que su cantante, David Ruiz, aprendió de su estancia en Dublín, pero demostraron en dicha ciudad que solo ellos son capaces de arañar conciencias y no únicamente a su generación, sino a otras anteriores y de eso no todo el mundo puede presumir.

La M.O.D.A.

Un público muy variado se unió en la Button Factory de Dublín. Jóvenes que viven en la ciudad, turistas que fueron a pasar el fin de semana, e incluso madres que fueron a visitar a sus hijas. Todos ellos se congregaron allí y, tras la espera, sonó ‘Johnny Cash’ y luego ‘Nubes Negras’ y entonces salieron, siempre con su uniforme. Siempre apasionados con lo que hacen.

Solo ellos son capaces de arañar conciencias y no únicamente a su generación, sino a otras anteriores y de eso no todo el mundo puede presumir.

Casi dos horas de un intenso directo en el que solo tuvieron un pequeño parón. Comenzaron con la alegre, pero de catastrófico fondo ‘Mil demonios’, siguiendo con dos más de su último disco “Salvavida (de las balas perdidas)” (2017), ‘Una canción para no decir te quiero’ y ‘La inmensidad’. ‘Amoxicilina’ nos tocó el corazón a muchos de los que estábamos allí y es que está claro que habla de los que seguimos buscando “Un lugar al que llamar hogar” y estando tan lejos a veces se hace difícil, menos mal que su visita nos templaba un poco del frío y la lejanía.

‘Amoxicilina’ nos tocó el corazón porque habla de los que seguimos buscando “Un lugar al que llamar hogar” y estando tan lejos a veces se hace difícil, menos mal que su visita nos templaba un poco del frío y la lejanía.

Siempre fui fan de La M.O.D.A. y no puedo elegir canción favorita, pero haber escuchado ‘Disolutos’ en directo en Dublín tuvo mucho sentido. En Dublín existe un gran problema con los vicios y vivir bajo techos de piedra y, si la crítica social existe, David supo darle la forma más profunda. Continuaron con la contundente ‘Suelo gris’, que nos quiso curar las ganas de huir haciéndonos perder la voz y después en ‘O naufragar’ nos llevaron de la calma a lo más frenético para pasar a uno de sus mayores éxitos, ‘Amanecederos’, que unió coros y bailes al saxo de Alvar de Pablo. Previamente, David había presentado a su grupo, pero aquí incluso se atrevió con unas palabras en inglés, ¡aunque ya se había atrevido con un disco! Desde luego su mejor presentación es en forma de música y letras.

Aunque estos chicos no son reconocidos por tener canciones de amor, bien es cierto que temas como este dejan claro que aunque lo hagan poco, lo saben hacer mejor que bien.

Lo inesperado de la noche llegó cuando anunciaron que iban a tocar ‘El camino’, uno de los temas de su EP “7:47 (Ni un minuto más)” (2018), algo que pilló a muchos por sorpresa y que a otros nos encantó. Después volvieron años atrás con la preciosa ‘Miles Davis’ y es que, aunque estos chicos no son reconocidos por tener canciones de amor, bien es cierto que temas como este dejan claro que aunque lo hagan poco, lo saben hacer mejor que bien; ¿acaso habéis escuchado una invitación más bella que “Puedo invitarte a compartir la soledad”? Yo desde luego no.

¿Sabéis lo impresionante de esta Maravillosa Orquesta? Conseguir que un montón de personitas se aprendan unas estrofas en euskera y que sus voces resuenen en las paredes de una sala.

‘Vals de muchos’ trajo todo lo bonito del acordeón en las manos de Joselito Maravillas. Emocionados y embobados desde la primera hasta la última fila. El conjunto ‘PRMVR’, ‘Catedrales’, ‘Vasos vacíos’ e ‘Hijos de Johnny Cash’, evocó recuerdos de antiguos conciertos y de cuando empezaron a hacer sonar sus primeras letras en castellano. ¿Sabéis lo impresionante de esta Maravillosa Orquesta? Conseguir que un montón de personitas se aprendan unas estrofas en euskera y que sus voces resuenen en las paredes de una sala.

La M.O.D.A.

Hubo un punto de la actuación que para la que escribe fue mágica. Cuando sonaron los primeros acordes de ‘Océano’ me encontré con la rota, pero valiente, voz de David gruñendo a los que quieren hacer daño a la música y aunque al principio sonaba mi voz tímida porque no se oía a nadie más acompañarle, poco a poco se fueron uniendo más asistentes hasta que llegamos a ese coro final en el que nos hacen pensar si hay algo más fuerte que la muerte.

Sin todavía haber descansado nos preguntaron que ‘¿Quién nos va a salvar?’ y quizás ellos no quieran saberlo, pero han salvado a muchos oídos y quizás por gracia del destino después de esto vino ‘Hay un fuego’, todo un himno generacional y que nos ha hecho llorar en cada concierto asistido a mí y a mi niña interior. Tenerles cariño se queda corto.

La mítica ‘Los lobos’ y su vistazo atrás cuando comenzaron a juntarse como amigos en un garaje, dio paso a en ‘La vieja banda’ donde espabilaron el que ya comenzaba a ser el trayecto final del increíble directo que estaban llevando a cabo. Con estas dos descubrimos que Jorge no solo es el bajista (que ya es mucho), sino que Alvar tiene un competidor en el baile. Vibrante y con ligeros, pero significativos cambios en su música, Jacobo y su theremín comenzaron ‘Flores del mal’ que retumba en nuestra furia, sobre todo si Caleb acaba con un solo de batería. ¡Bien por su energía!

Si algo saben hacer sus letras, es darte una bofetada sin manos para que despiertes.

La M.O.D.A.

En cada concierto que he asistido de La M.O.D.A. he observado que cada vez que suena ‘1932’, el público pone especial énfasis al cantar y no les culpo, sienta muy bien llenarse la boca de versos como “Se puede perder la vista, pero nunca la mirada”. Acabaron el primer bloque con ‘Himno nacional’, un tema que tenía muchísimas ganas de vivir en directo y es que la primera vez que oí “Tírame el salvavida de las balas perdidas porque las velas que nos pongan al morir no nos traerán la luz que nos faltó cuando volábamos”, sentí el dolor salir de la garganta de David y posarse sobre mí. En este concierto volví a sentir lo mismo porque, si algo saben hacer sus letras, es darte una bofetada sin manos para que despiertes. Lo siento, no supe ver lo que sentía el resto de personas en la sala cuando sonaba esta canción, estaba en mi burbuja.

Nos dedicaron la última canción, pero no solo a los emigrantes, sino también a todos los que se habían desplazado de otros puntos, incluso desde España.

23 canciones después, que se dice pronto, hicieron un bis y salió David pidiendo silencio para su ‘Campo amarillo’ y únicamente con su guitarra nos hipnotizó, hasta que el resto de la banda salió y entonces nos unimos a su voz. Ya sabíamos que esto se acababa, ‘Gasoline’ solía ser la última en los directos y todavía sigue confundiendo al público con la llegada del estribillo. Por supuesto, ‘Nómadas’ con la destreza de Nacho a la mandolina, nos fue dedicada, pero no solo a los emigrantes, sino también a todos los que se habían desplazado de otros puntos (¡e incluso desde España!) para verles. ¿Pueden ser más queridos estos ‘Héroes del sábado’? Al paso que van sí lo serán y con ese tema cerraron una noche que estoy segura que no solo a mí me supo a media hora. Siempre dejan con ganas de más. Si han tocado cuatro días seguidos en Madrid, espero que algún día lo hagan en esta sala de Dublín o incluso en Grafton Street, nos atraerán a todos, ¡eso seguro!

Desde que empezaran en 2011, La Maravillosa Orquesta del Alcohol ha ido cosechando trabajo, pasión y esfuerzo y todo esto lo están recogiendo en forma de salas llenas, festivales y fans que llevan meses e incluso un año esperando verles en directo (a veces también recogen en forma de chocolates y muñecos personalizados). Desde su último disco llevan más de un año con un ritmo frenético e incluso saltando océanos y jamás se cansan de darlo todo, ni de salir a saludar y charlar un rato con sus seguidores.

Desde su último disco llevan más de un año con un ritmo frenético e incluso saltando océanos y jamás se cansan de darlo todo, ni de salir a saludar y charlar un rato con sus seguidores.

La M.O.D.A.

Son lo mejor que le ha pasado a España desde la tortilla de patatas y si me alegro de algo en esta vida es de haber coincidido en la misma época para poder llevarles en mis oídos. Por si no lo habéis notado son mis favoritos.

Y les quiero un montón.

Una crónica de María Huerga IG: @terracitaalsol

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