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Depedro: Pasajero sin pasaporte en sus propias canciones

Depedro: Pasajero sin pasaporte en sus propias canciones

  • 02 de Febrero, 2018
  • Por David Gallardo

Imposible encontrar un resquicio sin garabatear en el pasaporte de Jairo Zavala (Madrid, 1973), músico apátrida curtido en mil batallas en Aluche, barrio del sur de la capital en cuyo parque principal aprendió a tocar aquella primera guitarra, la que propició su decidido acercamiento al rock con La Vacazul desde mitad de los noventa.

Músico vocacional (no todos lo son o al menos algunos equivocan los motivos), batalló también en sus años mozos como integrante de 3.000 Hombres, grupo de música negra, y hacía versiones de Led Zeppelin en la banda tributo Zolo Zeppelin. A esta pasión por el rock clásico hay que sumar la música africana que escuchó en su niñez durante los quince años que vivió su familia en Guinea, así como la influencia latinoamericana que le llegó a través de su padre peruano. Un buen mejunje.

Precisamente su lado menos rockero fue el que le llevó a ser guitarrista de Amparanoia, y en esta última ocupación está la clave de su trayectoria, pues con la banda de Amparo Sánchez reconfirmó algo que ya intuía desde la cuna: Que las fronteras no son más que líneas dibujadas en los mapas.

Se puede ser de Aluche pero viajar por el mundo sin pasaporte, con las canciones como único salvoconducto necesario.

También constató que se puede ser de Aluche pero viajar por el mundo sin pasaporte, con las canciones como único salvoconducto necesario. Aprendió, además, que encontrando tu lugar en la frontera misma, podrás recorrer tantos kilómetros como aguanten tus piernas sobre todas esas líneas marcadas en los mapas y que tan conflictivas terminan resultando. Europeo, americano, africano y madrileño de barrio. Pasajero fronterizo, nunca polizón, aunque siempre con polvo en sus botas.

Así fue como nació Depedro, un alter-ego que añadió a su condición de rockero-mestizo-errante el definitivo carácter fronterizo gracias a Calexico, el dúo de Arizona que le acogió en su seno y le ayudó a encontrar su lugar en medio del desierto. Y allí, en la aridez más absoluta, parió un disco de debut homónimo en el que destaca, irónicamente, 'Como el viento': "Sólo contigo, solo soy feliz si yo te miro. Basta tu aliento para que me sienta como el viento...".

Depedro, alter-ego de Jairo Zavala, añadió a su condición de rockero-mestizo-errante el definitivo carácter fronterizo.

'Nubes de papel' (2010), 'La increíble historia de un hombre bueno' (2013) y 'El pasajero' (2016) son los otros tres discos de una andadura musical asentada en el folk en toda su amplitud, pero que huye del acomodo y con la que Jairo ha mutado en persistente viajero, de esos que siempre tienen en el zurrón un billete de ida pero jamás uno de vuelta.

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<p>Como canta con su amigo <strong>Bunbury</strong>, otro errante de manual con quien hace en su álbum <strong>'El pasajero' </strong>un evocador homenaje a México DF, ciudad suficientemente loca como para engatusar a ambos:

Porque, efectivamente, Depedro no es del DF. Es de Aluche, que es otro lugar con mucha menos literatura pero con suficiente fuerza como para empujar a los suyos a la aventura sin retorno. Porque para no ser de ningún sitio, en realidad hay que pertenecer a un lugar que esté fuertemente aferrado a la tierra. Ese lugar bien puede ser un barrio del extrarradio madrileño o una canción hipnóticamente redonda.

Depedro ha trabajado lo suficiente durante los últimos 25 años como para sentirse seguro aferrado a sus raíces y a sus canciones.

Depedro ha trabajado lo suficiente durante los últimos 25 años como para sentirse seguro aferrado a esos dos pilares. A sus raíces, a sus canciones. A las pasadas y a las que están por venir. A las que sonarán el 21 de abril en la Sala Scala en su concierto en Londres con Rock Sin Subtítulos, donde podrá practicar ese inglés en el que a veces también canta.

Porque para viajar por el mundo puede que no necesites realmente un pasaporte, pero ojo con plantarte en la capital británica sin hablar como ellos. Que son muy suyos los ingleses... aunque también saben comprender el lenguaje universal de las canciones bien hechas, más aún si además hay una guitarra de por medio. Vamos, que Jairo lo tiene hecho.

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