¡Qué bueno que viniste, Antonio!
Crónica Antonio Orozco – 19 mayo 2017 – The Grand (Londres)
Antonio Orozco arrasa en Londres en una velada para el recuerdo promovida por Rock Sin Subtítulos. Una hora antes del comienzo del concierto, un Clapham Grand abarrotado espera paciente a que aparezca Antonio. Antonio, sí. Con su nombre de pila. Porque Antonio Orozco tiene algo de colega del barrio, de amiguete que se lo ha currado tanto y durante tantos años que ahora sube al escenario y arrastra un público fiel.
Un público el de esta noche compuesto más de ellas que de ellos. Muchas parejas, algunas mezcla de española y británico, y también grupos mixtos.
La sala espera a Antonio, sí, con su nombre de pila. Porque Antonio Orozco tiene algo de colega del barrio, de amiguete que se lo ha currado tanto y durante tantos años que ahora sube al escenario y arrastra un público fiel.
Pasadas las ocho de la tarde una música ambiental anuncia que algo importante se cuece y los tres escuderos del barcelonés toman posiciones. Mírate, canción de su último disco editado en 2015, es el primer zarpazo de la noche. Digo zarpazo porque me sorprende un arranque tan cañero. La guitarra de Johnny Caballé lleva en volandas al resto de la banda y el cantante asalta el escenario dando saltos y piruetas. ¡Ojo, Antonio! ¡Qué ya tuvimos un disgusto!
Más madera: “¡¡Todo el mundo a botar!!” “¡¡Arriba esos brazos!” Nadie en el teatro es inmune a una descarga tan vigorosa. Por momentos da la sensación de que las paredes y el suelo del vetusto Grand van a ceder.
Antonio nos trata como a uno más de la familia. “¿Te he dicho que te quiero?” repite una y otra vez mientras señala a gente entre el público. Y ya que estamos en familia, él nos quiere presentar a su madre. En uno de los palcos, la mamá del artista está disfrutando tanto o más que nosotros. “¡¡¡Qué viva la madre que te parió!!!”, grita desaforada una chica que está a mi lado. ¡Claro que sí! ¡Qué viva!
Nadie en el teatro es inmune a una descarga tan vigorosa. Por momentos da la sensación de que las paredes y el suelo del vetusto Grand van a ceder.
Llega Devuélveme la vida, ese hit que hace años le puso en el mapa. El respetable se afina con sus teléfonos móviles para no perder detalle (puedo ver a una chica cantando la canción con una amiga….¡¡por Skype!!). Lo siento Antonio, pero esta canción ya es más nuestra que tuya. Él también lo entiende así y, saliendo por unos segundos del escenario, deja que seamos nosotros los “cantantes”. Sin duda, uno de los momentos de comunión de la noche.
Moriré en el intento, Hoy será y Podría ser nos devuelven al “presente” o, lo que es lo mismo, a ese último disco titulado Destino. La producción más pulcra, con respecto a trabajos anteriores, y la predominancia de teclados confieren a su sonido un cierto parentesco con Coldplay o los últimos U2. En un arranque torero se canta la última estrofa de Podría ser “a pelo”; sin micrófono que valga.
Un paréntesis emotivo con Temblando y vuelve a aparecer en escena la magia de los viejos éxitos. Te esperaré arrasa con ese estribillo infalible marca de la casa (“Ser o no ser, querer o no querer”) y alguien de las primeras filas cede su cámara al artista para que grabe un vídeo en primera persona.
Orozco declara “Llevo diecinueve años esperando tocar en esta ciudad”. “Este ha sido uno de los mejores conciertos de nuestra carrera”.
El tema elegido para cerrar la velada es Pedacitos de ti. Pero una vez acabado éste, nadie se mueve de allí. Tras unos minutos de espera y solo acompañado por Jordi Caballé, de nuevo en el escenario ambos bordan la interpretación de Mi héroe. Con dedicatoria al cielo y que nos pone a todos un nudo en la garganta. Remontamos el vuelo con la enérgica Eres mi mejor casualidad y el broche final lo pone Lo que tú quieras y el archiconocido Seven Nation Army de The White Stripes.
“Llevo diecinueve años esperando tocar en esta ciudad”. “Este ha sido uno de los mejores conciertos de nuestra carrera”. En boca de otros, estas afirmaciones quizá suenen a peloteo hueco. Pero en este caso, no. ¿Cómo no vamos a creer a Antonio? ¡Es nuestro Antonio!
Una crónica de Manuel Requejo del blog A head in the clouds https://manurequejo.wordpress.com/



