La autoedición, ¿el nuevo canon?
Echemos un ojo a algunos de los grupos que han formado parte de nuestra programación recientemente o a los que lo harán en breve, como La Maravillosa Orquesta del Alcohol, Juanito Makandé, Dorian o Sexy Zebras: la autoedición es algo cada vez más común y extendido, incluso entre los artistas con una gran repercusión que nada tienen que ver con los que podríamos llamar “emergentes”.
Muchos grupos han tenido que aprender a manejar sus propios asuntos administrativos, saltándose a menudo los pasos y filtros habituales en las grandes editoriales para crear a su alrededor una empresa que se adapte a sus necesidades y que tiene siempre el directo como su mayor fuente de ingresos.
De hecho, han pasado años desde que Napster pusiera patas arriba el negocio discográfico y ya nada ha vuelto a ser como antes, aunque algunos apunten que la situación está mejorando. El disco nunca volverá a tener la importancia de antaño y de hecho su papel -sobre todo el del álbum- es cada vez más “secundario”. Para muchos grupos sacar o no sacar disco ha dejado de ser tan importante. Lo que importa es tocar, girar, y en ese sentido, publicar un nuevo álbum es la mejor de las excusas, pero no la única, puesto que cada vez son más frecuentes otros formatos para el directo como las giras de grandes éxitos o las de aniversario.
En este contexto, la autoedición empezó como una tendencia tímida, con algunos grupos optando por abandonar sus discográficas (o ‘invitados a salir’ de ellas) para publicarse sus propios discos, enfrentándose a las dificultades que suponían la distribución y promoción de sus obras. Pero si hace quince años este tipo de aventuras tenían un futuro incierto, es cada vez más habitual que hoy en día muchos artistas se salten la tediosa burocracia que supone atarse a una discográfica para ir por libre, llegando a acuerdos de distribución puntuales con las mismas, pero siempre conservando su autonomía.
A menudo, detrás de los sellos se esconden oficinas de management que saben que el disco es el trámite necesario para volver a sacar a sus bandas de gira. Y las bandas han ganado con esta nueva forma de hacer las cosas más independencia creativa, mayor control sobre su música, su promoción y ser parte fundamental en la toma de decisiones importantes.
No siempre es fácil: no todo el mundo puede ser músico y a la vez empresario, pero muchos han aprendido lo suficiente como para poder desenvolverse en un mercado que desde hace años nadie sabe muy bien hacia donde va. Lo que está claro es que, si en los 80 era casi imposible que triunfaras sin un gran sello discográfico que te apoyase, la nueva forma de trabajo que se está imponiendo hoy en día para dedicarse a esto de la música, implica mucha creatividad, buenas canciones que conecten con el público, pero también muchas ganas de invertir muchas horas en algo que no es estrictamente musical. Existen muchos casos de éxito como el de Vetusta Morla y definitivamente, creemos que es una tendencia que reescribirá por completo las “reglas del juego” en años venideros.
